Imaginamos el camino como un crisol de gentes que, con su multiplicidad de colores, peregrinan de la mano hacia una meta. Imaginamos un destino y dibujamos la Quintana por su esencia peregrina: por su dintel de reconciliación, antesala del abrazo que nos permite abrirnos en el Obradoiro al mundo de la Gloria. Imaginamos un estilo y un mural capaz de simbolizar la pluralidad del camino. La representación mundana, llena de vida y color, caracterizada por la multitud peregrina; la espiritual, propiciada en esa mezcla etérea de claroscuros y encumbrada por la silueta de la cruz; y un plano central en el que la catedral se representa como meta del Camino. En la puerta tres son los elementos que destacan: por un lado las efigies, que humanizan la piedra. Y por otro, conformando un eje central, dos representaciones del apóstol. A su derecha, la torre del reloj se erige como un faro de esperanza, símbolo de tres elementos esenciales: la claridad, la llamada y el tiempo. En ella se representan, en orden descendente, un destello de esperanza que emana de su luz de guía; una llamada perenne a la conversión que resuena en cada "badalada" de la Berenguela; y un suave discurrir de las horas al compás de las agujas de un reloj que evoca nuestra vida y nuestra historia. En la base hemos querido asentar un moderno, sencillo y esclarecedor logotipo: desde la era romana hasta nuestros días, Iglesia y Peregrinos, de la mano de la cruz y la vieria, iconos de Jesús y Santiago, peregrinan guiados por la luz de Cristo, caminando juntos, de la mano de la fe, desde hace 2010 años.